Adios, compañero

Dicen, Juan, que el roce hace el cariño. Nos “rozamos” laboralmente durante casi seis años: tú, en calidad de jefe; yo, como subordinado.

No fueron pocas las veces que cuestioné tus órdenes y pareceres; tus maneras llegaron incluso a irritarme, y, cual cobarde, falto de temple y superado por un entorno de trabajo desquiciado, te critiqué abiertamente en diversas ocasiones (tú no estabas delante para defenderte).

Hasta que un buen día, haciendo acopio de la mayor educación posible, te dije lo que me gustaba y lo que no de ti. Encajaste mi crítica deportivamente con un tímido y franco esbozo de sonrisa.

No me agradó en ocasiones el trato que dispensaste a determinados compañeros (algunos de ellos personas buenas, honestas y trabajadoras). Mas justo es reconocer que a mí me trataste siempre con educación, respeto y equidad (me atrevo incluso a afirmar que me tenías una cierta estima). Gracias.

La noticia de tu muerte, no por anunciada e irreversible, resulta menos triste. Pienso, no dejo de pensar, en tu esposa y tus dos hijas… Toda una vida por delante para los cuatro.

No sé si te vas demasiado pronto; mas sí sé que te vas demasiado joven.

Predicaste con el ejemplo: fuiste un currante nato, un perfeccionista enfermizo (y en ocasiones enfermante) que, por dedicación y aptitudes, mereció con creces una mejor categoría profesional. Por contra, te faltó una mayor habilidad comunicativa y distensión; y te sobró rigidez: te encorsetaste excesivamente en tu rol.

En efecto, el roce hace el cariño. Y yo, a fuerza de compartir relevos y “fregaos” contigo, llegué a tomártelo.

Con mi cambio de destino, poco nos vimos durante el último par de años. Te recuerdo entrando con tu coche (no precisamente el último grito automovilístico) en la facultad y aparcando cada mañana en la misma plaza. Día sí, día también, llegabas cabreado con todo y con todos. Razones no te faltaban a veces; pero, si me permites dármelas de psicólogo barato, tengo la sensación que todo cuanto conseguías era dañarte a ti mismo.

No te doy más la vara. Simplemente decirte (¡qué fácil resulta ahora!) que me hubiese gustado verte, al menos, una vez más.

Descansa en paz, compañero.

(A la memoria de Juan Ávila).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: