Cabalgar la eternidad (carta abierta a Manolo García)

Querido escéptico-participativo:

Tú no lo sabes, pero yo te lo cuento. El pasado 28 de octubre, cuando estuviste firmando ejemplares de tus recientes trabajos discográficos y literarios en la FNAC del Triangle (Barcelona), mi madre y mi tía Rosa (ambas ya sexagenarias) guardaron cola durante casi seis horas a fin de poder acceder a la firma, pues a mí me tocó currar ese día y apenas si pude pasarme unos minutos por dicho centro comercial y verte desde unos metros de distancia, mientras atendías parsimoniosamente a tus admiradores.

La hilera de incondicionales se prolongó hasta la calle Pelayo, avanzando con más lentitud de lo habitual (al parecer hubo algún que otro percance durante el transcurso de la actividad, la cual quedó interrumpida por espacio de media hora). Y allí permanecieron mis sufridas e incombustibles madre y tía, en aras de obtener una dedicatoria tuya hacia mi persona.

Pese a tanto sacrificio, el anhelado instante no llegó: estando ellas a escasa distancia de acceder al recinto, pasadas ya las 10 de la noche, tu hermana Carmen se dirigió a los presentes para decirles que, sintiéndolo mucho, había que dar la firma por concluida (“algo ha tenido que ocurrir –aseveraron algunos-. En caso de cierre del establecimiento, Manolo siempre sale a la calle a firmar”).

Amén de pedir repetidamente disculpas por lo acaecido, Carmen solicitó los datos personales de todos aquellos que –nunca mejor dicho- se quedaron en puertas de conocerte personalmente: a modo de compensación, les harías llegar próximamente un pequeño obsequio.

Y así quedó la cosa.

Hasta que el pasado jueves llegó a mi domicilio una notificación de recogida de Correos, remitida por Perro Records.

Perro Records… Tu discográfica.

Mi madre y mi tía Rosa -¡otra vez!- fueron a la oficina postal a retirar el envío, puesto que yo –nuevamente- debía ir al tajo.

Pese a la reiterada insistencia de mi tía, mi madre se negó en redondo a examinar el contenido del sobre. No hasta que yo llegase.

Llegué a casa poco antes de amanecer. Sobre la mesa del comedor había un fino sobre color crema de dimensiones rectangulares, en el que figuraban mi nombre y dirección. Lo abrí cuidadosamente con la ayuda de una navaja, a fin de no dañar el contenido y de minimizar todo posible ruido, habida cuenta de que mi familia aún dormía.

Y me encontré con una reproducción de uno de tus cuadros, concretamente el que lleva por título Cabalgar la eternidad. Un sugestivo lienzo salpicado de motivos un tanto surreales. A lo largo de los márgenes del mismo, rezaba una dedicatoria escrita de tu puño y letra, acompañada asimismo de un verso de Mario Benedetti, para más ítem, uno de mis poetas preferidos: “Hola, Jordi Marí. Saludos y un abrazo de un amigo. Muchas gracias por acudir y por tu paciencia y comprensión. Salud y lo mejor: ilusión y alegría. Con mi afecto, un verso: Cómo voy a creer, dijo el fulano, que el mundo se quedó sin utopías. Cómo voy a creer que la esperanza es un olvido o que el placer una tristeza…”.

Afirmaba un genio de las ondas radiofónicas que el halago debilita. Acaso así sea. Tampoco es nada bueno, por otra parte, caer en idolatrías. De antemano, pues, mis más sinceras disculpas. Mas me asalta la irrefrenable necesidad de decirte que eres grande, Manolo. Rematadamente grande.

Gracias a espuertas por tan hermoso detalle, que ya cuelga, enmarcado, de una de las paredes azules de mi habitación. Y gracias sobre todo por tu maravillosa música, cuya mayor virtud estriba en ayudarme a comprenderme mejor a mí mismo, lo cual es tarea de orfebre.

Te veo el próximo día 11 de mayo en el Coliseum.

(Aquí un soñador pasivo en espera de despertar).

PS: Convendrás conmigo, Manolillo, que quien tiene madre y tía, tiene un tesoro.

9 comentarios to “Cabalgar la eternidad (carta abierta a Manolo García)”

  1. Irene Says:

    ¡Qué bonita carta! me ha encantado, Jordi.

    Mi hermano pequeño, Sergio, en un concierto en Cuenca, le pudo dar la mano y decirle lo grande que es!

    Besos

  2. ¡Gracias, hermosa!

  3. Ostres, bonica la carta i sobretot el detallàs d’aquest home! Malgrat que, de vegades, la seva música em sona una mica repetitiva, vaig tenir el plaer d’escoltar en Manolo fa uns dies i les seves idees són tan maques, sembla un home tan sensible, tan ple de tendresa. Gràcies Jordi per compartir aquesta experiència! Petonets, Caro

  4. belen Says:

    grande no, lo siguiente
    23 años siguiendole yno me canso…

  5. Qué bonito lo que acabo de leer! ya me resultaría raro que Manolo no atendiera a todos. La última vez que lo ví, después de un concierto (en Granada y en Noviembre), aún estando ya afónico y siendo ya tarde, y con mucho frío… se quedó hasta el final para atendernos a todos.
    Su hermana Carmen nos decía que entendieramos que Manolo ya estaba cansado y que si nos queriamos hacer una foto de grupo todos con él para que ya se pudiera ir… pero claro nadie quería, ( es normal, para una vez que lo ves, lo quieres tener un momento para tí). A lo que Manolo al escucharla, dijo q no se iba, que no nos preocupásemos que nos iba a atender a todos.. y así fue.
    Es q es lo más! gracias por compartir tu historia.

  6. es un grande de la música y aun encima una persona humilde y cercana … pena no poder enviarle una carta diciéndole lo grande que es… pero es una tarea difícil puesto que se sabe su dirección no)

  7. Sencillamente, no me lo he creído nunca por el hecho de que transmite una luminosidad que no encaja con el mundo de la farándula y de los 40 principales. Sin embargo, empiezo a considerar que este hombre está logrando lo que algunos, que lo tenemos mucho más fácil, no podemos hacer: darle la vuelta al mundo como un calcetín sin dinamitarlo, sino excavando desde dentro con sencillez y amor.
    Humanidad es la palabra y humanismo esta actitud de Manolo García que, al igual que relatas en tu magnífica carta, seguro que habrá tenido momentos peores, detalles feos o equivocados… Pero es que yo creo que no estaría a la altura de su sensibilidad con los pesados de los fans ni una de cada diez veces.
    Rompe tópicos pensar que de alguna manera un señor que tiene una voz privilegiada, pero que no es un genio de la composición musical ni viene de una familia acomodada, ha conseguido llegar al corazón de tanta gente sin traicionarse a sí mismo y, sí, ganando capazos de dinero, algo que ni le suma ni le resta como persona.
    Después de leer tu carta, Jordi, y los comentarios, más unas cuantas entrevistas, empiezo a creerme, repito, que se cree lo que dice la canción que durante muchos años fue mi tabla de salvación, En mi pecho.
    Termino el rollo pidiendo, si es que se me permite, que ya que este artista tiene detalles humanos, sepamos ver en sus discos, ¡y yo el primero!, el derecho a repetirse un poco, a desentonar con otros éxitos del pasado e incluso a no gustar.
    Sé que es una petición absurda, porque somos libres de acariciar o no un son, una rima o unas palabras. El arte, obligado por un decreto moral, no puede sobrevivir. Sin embargo, hay excepciones como este artista humano: y tampoco digo que Manolo García esté de capa caída como músico y compositor, sino que sería un tributo bonito aceptar con la mente y el alma sin cortapisas lo que nos tenga que dar uno de los pocos ejemplos de que se puede subir a la cima sin endiosarse.
    Prometo que en ocasiones me expreso mejor, pero enlazar estos sentimientos con la idea que quiero transmitir se las trae…
    Paz y salud.

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