Estancamiento

Todo aprendizaje o desarrollo prolongado en el tiempo sufre, antes o después, de períodos de estancamiento. En lo tocante a la meditación, es del todo normal, pues, atravesar tales estadios, los cuales asumiremos con plena naturalidad y sin dramatismos.

Personalmente, tras haber acumulado alguna experiencia regular meditativa, hay días, semanas incluso, en los que no doy una a derechas; días en los que mi mente se dispersa y estalla en mil y una distracciones, alejándome irremisiblemente de la práctica.

¿Qué hacer al respecto?

Los maestros nos enseñan que en toda disciplina meditativa el mayor diferencial es la actitud.

Así, por más deficiente que devenga nuestra capacidad de concentración, si albergamos una correcta actitud (meditar con la firme intención de beneficiar a todos los seres sintientes), tal déficit restará en segundo orden.

Por consiguiente, es del todo recomendable antes de meditar, detenerse durante unos instantes a reflexionar sobre nuestra motivación, interiorizando el propósito de mejorar espiritualmente en aras de una ulterior mejora colectiva.

Podemos, previamente a la realización de la práctica, orar o leer algún texto inspiracional, a fin de focalizarnos en nuestro cometido.

Dicha determinación nos ayudará a superar los frecuentes periodos de estancamiento que toda persona atraviesa, cualesquiera que sea su campo de actuación o conocimiento.

(Ahí queda eso, guapísimos).

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