¡Qué guay es ser budista!

Ahora resulta que todo el mundo es budista. Así, en numerosos comercios (desde el “todo a 100” de turno hasta el establecimiento étnico, naturista o new age más selecto) se venden estatuillas y toda suerte de imágenes decorativas del Buda. Asimismo cada vez es más frecuente hallar elementos ornamentales de estética zen o tibetana en restaurantes y clubes refinados en los que suena música chill out. Para más ítem, eso de decir “Soy budista”, queda de lo más guay entre el personal.

Que nadie malinterprete mi tono irónico, por favor. Admiro sobremanera la religión budista (1). Me inicié en la práctica de la meditación en el Dojo zen de Barcelona, y actualmente frecuento los también barceloneses Casa del Tíbet –de la cual soy socio- y Centro Nagarjuna. Amén de ello, he tenido el privilegio de asistir a una multitudinaria conferencia de Su Santidad el Dalai Lama –del que me considero un humilde y entusiasta discípulo- y de leer algunos de sus textos (2), así como los de otros reputados maestros budistas como Ringu Tulku, Taisen Deshimaru o Matthieu Ricard. Y sí, también yo tengo una efigie de Buda (preciosa, por cierto), amén de unas tankas multicolores que cuelgan de una de las paredes de mi habitación, incitándome a la mejora personal.

Sin embargo, me parece harto discutible (y en ocasiones ridícula) esta supuesta conversión masiva occidental al budismo, máxime cuando la misma viene acompañada en muchas ocasiones de un sistemático desprecio hacia el cristianismo (tal que vetusto e insuficiente para abrazar la compleja realidad humana), lo que, dicho sea de paso, atenta frontalmente contra la doctrina budista (baste decir que el propio Dalai Lama no recomienda cambiar de religión).

Sólo un supino ignorante puede menospreciar las enseñanzas de Jesús de Nazaret, a toda luz universales (si lo serán, que han logrado sobrevivir a la Iglesia Católica, la cual no hace más que contravenirlas sistemáticamente y acumular “deserciones”). Presupongo con escaso margen de error que contados son quienes abominan del cristianismo (que no catolicismo) que se hayan tomado el trabajo de leer con un mínimo de atención uno solo de los cuatro evangelios bíblicos.

Señalemos finalmente una interesante especulación histórica del todo desconocida para la mayoría de nosotros: los llamados años perdidos de Jesús (3), período de 18 años de duración que media entre la huída familiar de Egipto y el comienzo de su ministerio, en el que se conjetura –al parecer con cierto rigor documental- la posibilidad de que el Nazareno y sus padres recalasen en la India, lugar en que el primero recibió enseñanzas de budismo Mahāyāna y Vajrayāna.

¿Dárnoslas de budistas? Bástenos a muchos con apreciar y –en la medida de nuestras posibilidades- aplicar las preciosas lecciones del Buda y, de ser necesario, redescubrir la no menos hermosa doctrina cristiana.

(La paz de Jesús y de Buda sea con vosotros).

(1) Empleo el vocablo “religión” porque, si bien muchos mantienen que el budismo es simplemente una filosofía vital, a mi entender cabe atribuirle por completo tal condición.
(2) No dejéis de leer su magistral obra Los siete pasos hacia el amor.
(3) Autores como Nicolás Notovitch, Suzanne Olsson, Holger Kersten, Diane Stein o Antonio Piñero han disertado largo y tendido sobre ello.

4 comentarios to “¡Qué guay es ser budista!”

  1. Hola, Jordi.

    Al hilo de tu anotación número (1), en el libro “El monje y el filósofo” hay todo un apartado dedicado a este punto.
    Matthieu al respecto dice: El budismo no es una religión si por religión se entiende la adhesión a un dogma que es preciso aceptar mediante un acto de fe ciega, sin que sea necesario redescubrir por uno mismo la realidad de dicho dogma. Pero si se considera una de las etimologías de la palabra religión, que es “lo que religa”, el budismo está sin duda religado a las verdades metafísicas más elevadas.

    Es decir, y esto ya lo digo yo. Que según la concepción que tenemos en Occidente de la religión, el budismo probablemente no sea una religión, pero sí lo sería si tenemos en cuenta la etimología de la palabra religión.

    Bueno, el apartado dedicado a este tema en el libro es extenso y es mejor que cuando tengas oportunidad lo leas tú mismo para llegar a tus propias conclusiones.

    Cuando he leído el título de tu entrada, he pensado: ¡Qué raro!, Jordi diciendo “soy esto”, “soy lo otro”…Ya me parecía a mí.

    Un saludo.

  2. (Una vez más, Víctor, mil gracias por tu asiduidad y participación).
    Su Santidad el Dalai Lama no ha tenido reparo alguno en emplear el término “religión” en referencia al budismo.
    Amén de tan autorizada opinión, no tengo duda alguna: si bien el budismo no es una religión teísta, dentro de éste se realizan postraciones y ofrendas a deidades (así como protecciones contra demonios y fuerzas maléficas) y existen toda suerte de rituales asociados a los mismos. Además se cantan mantras y se trabaja con rosarios e imágenes.

  3. Hola, Jordi.
    Gracias a ti por dar lugar a un debate enriquecedor.
    Sin pretender poner en duda tu conocimiento del budismo, que es muy superior al que pueda tener yo, que sólo soy un mero observador, quería apuntar que no es esa la conclusión que estoy sacando con la lectura de “El monje y el filósofo”.

    En uno de los apartados del libro, Matthieu vuelve a decir lo siguiente:

    “¿Por qué es venerado Buda? No es venerado como un Dios ni como un santo, sino como el sabio último, como la personificación del Despertar.”

    Si Buda es el exponente máximo (por decirlo de algún modo) del budismo y no se le trata como a un dios…¿no va eso en cierto modo en contradicción con la realización de ofrendas a deidades?
    ¿Qué entiendes por deidad? ¿Un sabio al modo budista o un dios con poderes sobrenaturales al modo del dios de la Iglesia católica?

    También hablas de protección contra demonios y fuerzas maléficas y en el libro del que te hago referencia se hace mención a la ausencia de supersticiones que bien podrían ser parejas a ese tipo de protección que comentas.
    Matthieu habla al respecto de esto como “algo alejado de la superstición” y son ritos que pertenecen a la riqueza de medios que el budismo pone en marcha para reavivir una y otra vez nuestra presencia mental (palabras textuales).

    Mi intención, Jordi, es tener una idea más o menos clara de lo que es el budismo. No tanto si se trata de una religión o una filosofía. Más bien ver si es posible alejarlo de todo tipo de elementos dogmáticos.
    A decir verdad, y por lo poco que sé, encuentro en el budismo la clave para dar un giro esencial a nuestra forma de percibir el mundo, por cuanto va parejo a la razón, pero a una razón ampliada que no excluye ciertos fenómenos hasta ahora atribuidos al mundo del ocultismo y que el budismo explica con una lógica relativa que es precisamente la que pretendo aclarar.

    Un saludito, ito.

  4. Hola de nuevo, Víctor. Si bien en el budismo las ofrendas, veneraciones y demás liturgias tienen un acento distinto al de las tradiciones teístas, ello no obvia su acusado carácter religioso. ¿Sabías que los lamas bendicen estatuillas y toda suerte de objetos? En las llamadas pujas se ofrendan alimentos a diversas deidades y se cantan mantras (algunos de los cuales se les atribuyen cualidades protectoras). Ya me dirán si eso no es religión (cuanto menos, yo lo percibo claramente así).
    Reitero además el empleo de dicho término por parte de Su Santidad el Dalai Lama.
    Un gran abrazo.

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