Archivos para agosto, 2011

¡Qué guay es ser budista!

Posted in Uncategorized on 20/08/2011 by Jordi Marí

Ahora resulta que todo el mundo es budista. Así, en numerosos comercios (desde el “todo a 100” de turno hasta el establecimiento étnico, naturista o new age más selecto) se venden estatuillas y toda suerte de imágenes decorativas del Buda. Asimismo cada vez es más frecuente hallar elementos ornamentales de estética zen o tibetana en restaurantes y clubes refinados en los que suena música chill out. Para más ítem, eso de decir “Soy budista”, queda de lo más guay entre el personal.

Que nadie malinterprete mi tono irónico, por favor. Admiro sobremanera la religión budista (1). Me inicié en la práctica de la meditación en el Dojo zen de Barcelona, y actualmente frecuento los también barceloneses Casa del Tíbet –de la cual soy socio- y Centro Nagarjuna. Amén de ello, he tenido el privilegio de asistir a una multitudinaria conferencia de Su Santidad el Dalai Lama –del que me considero un humilde y entusiasta discípulo- y de leer algunos de sus textos (2), así como los de otros reputados maestros budistas como Ringu Tulku, Taisen Deshimaru o Matthieu Ricard. Y sí, también yo tengo una efigie de Buda (preciosa, por cierto), amén de unas tankas multicolores que cuelgan de una de las paredes de mi habitación, incitándome a la mejora personal.

Sin embargo, me parece harto discutible (y en ocasiones ridícula) esta supuesta conversión masiva occidental al budismo, máxime cuando la misma viene acompañada en muchas ocasiones de un sistemático desprecio hacia el cristianismo (tal que vetusto e insuficiente para abrazar la compleja realidad humana), lo que, dicho sea de paso, atenta frontalmente contra la doctrina budista (baste decir que el propio Dalai Lama no recomienda cambiar de religión).

Sólo un supino ignorante puede menospreciar las enseñanzas de Jesús de Nazaret, a toda luz universales (si lo serán, que han logrado sobrevivir a la Iglesia Católica, la cual no hace más que contravenirlas sistemáticamente y acumular “deserciones”). Presupongo con escaso margen de error que contados son quienes abominan del cristianismo (que no catolicismo) que se hayan tomado el trabajo de leer con un mínimo de atención uno solo de los cuatro evangelios bíblicos.

Señalemos finalmente una interesante especulación histórica del todo desconocida para la mayoría de nosotros: los llamados años perdidos de Jesús (3), período de 18 años de duración que media entre la huída familiar de Egipto y el comienzo de su ministerio, en el que se conjetura –al parecer con cierto rigor documental- la posibilidad de que el Nazareno y sus padres recalasen en la India, lugar en que el primero recibió enseñanzas de budismo Mahāyāna y Vajrayāna.

¿Dárnoslas de budistas? Bástenos a muchos con apreciar y –en la medida de nuestras posibilidades- aplicar las preciosas lecciones del Buda y, de ser necesario, redescubrir la no menos hermosa doctrina cristiana.

(La paz de Jesús y de Buda sea con vosotros).

(1) Empleo el vocablo “religión” porque, si bien muchos mantienen que el budismo es simplemente una filosofía vital, a mi entender cabe atribuirle por completo tal condición.
(2) No dejéis de leer su magistral obra Los siete pasos hacia el amor.
(3) Autores como Nicolás Notovitch, Suzanne Olsson, Holger Kersten, Diane Stein o Antonio Piñero han disertado largo y tendido sobre ello.

Me encanta que me critiques

Posted in Uncategorized on 13/08/2011 by Jordi Marí

Determinados individuos son como una suerte de brújula moral: cuanto más nos critican, más seguros estamos de ir por buen camino. Amén de ello, el budismo nos enseña a agradecer su presencia en nuestras vidas, habida cuenta de que nos permiten practicar la paciencia, lo cual aumenta enormemente nuestro mérito espiritual adquirido.

Tales sujetos son sus peores enemigos. Contumaces y aplicados en su propia destrucción y –a ser posible- la de los demás, pues no soportan ni la felicidad ni el éxito ajenos. Viven permanentemente instalados en la crítica y en la queja, sin asumir jamás la menor responsabilidad sobre sus vidas (la culpa siempre es de los demás o de los acontecimientos). Ello les conduce, con precisión matemática, a encadenar situaciones negativas constantemente, lo que a su vez retroalimenta su talante crítico y quejumbroso.

Hablamos, en definitiva, de personas que manifiestan una acusada falta de amor. Déficit de amor recibido y, por ende, déficit de autoestima. Debemos, pues, tener esto muy presente al relacionarnos con las mismas, y cultivar una actitud firme pero compasiva, sin dejarnos arrastrar emocionalmente ni por ellas ni por nuestras propias emociones perturbadoras latentes.

Cabe señalar, no obstante, que dichos sujetos generan enormes cantidades de energía negativa (en forma de pensamientos y emociones), las cuales contaminan los lugares que ocupan y a las personas cercanas.

Existen numerosos métodos y medios a fin de protegernos de tan hostiles energías (1). En el contexto de este blog recomiendo encarecidamente la práctica de la meditación y derivados (yoga, taichi, chi kung, reiki…), los mantras y oraciones, así como fomentar hábitos saludables y disciplinados en todos nuestros ámbitos vitales.

(Hasta otra, pimpollos).

(1) Remito a los que estéis interesados en la protección energética con inciensos, hierbas, sales, aguas, huevos y otros productos naturales a la lectura del excelente libro Protección espiritual (Draja Mickaharic, editorial EDAF).

Carta cuántica

Posted in Uncategorized on 06/08/2011 by Jordi Marí

Hola. Permíteme presentarme. He viajado directamente desde el universo cuántico. Soy lo que podrías ser y no eres. Sí, sí, ya lo sé: yo no comprendo…, siempre te estoy machacando…, no lo has tenido nada fácil…, la vida es dura…, los hay que tienen suerte… Conozco bien la cantinela.

Tranquilo. Ni pido ni necesito justificaciones. No estoy aquí para juzgarte, agredirte o mofarme de ti. Faltaría. Sólo quiero dar acuse de recibo de tu manifiesta voluntad de suicidio. Un suicidio lento pero ineludible, contumaz y agónico, nada romántico, por otra parte (¡ay…, si al menos tuvieses una hermosa razón para acabar con tu existencia!).

Recapitulemos someramente, si te parece:

No te gusta tu vida. Reconócelo, no pasa nada. De hecho, a casi todas las personas les ocurre lo mismo (sean o no conscientes de ello; lo expresen o no). No eres ningún bicho raro, ni mucho menos. Te lo garantizo.

Hablemos de tu trabajo. Un trabajo meramente subsidiario; un trabajo que bien poco dice de ti y tus pasiones y aptitudes; un trabajo que te mina la ilusión, la autoestima y la energía; un trabajo que te malhumora y envejece (podría continuar echando leña durante un buen rato, pero creo que ya es suficiente). Ambos sabemos bien que, de seguir así, nada bueno va a ocurrirte (de hecho, cada vez te sentirás más amargado y decaído). ¿Qué te impide, pues, dejar tan insípida ocupación y pasar a otra cosa? Veamos. ¿Qué te gustaría hacer? ¿Qué te apasiona de veras? ¿Qué se te da bien? ¿Cuáles son tus aficiones? ¿Podrías hacer de alguna de ellas una profesión? ¿Qué conocimientos necesitas adquirir? Oh, sí, por descontado, me hago cargo de la situación, todos me dicen lo mismo: “la-cosa-está-muy-mal-y-hay-que-aguantar”. Todo el mundo pretexta una crisis económica cruel, voraz e implacable, cual monstruo de siete cabezas. Además, bien mirado, los hay que están muchísimo peor que tú, ¿verdad?; los hay incluso que no tienen ni empleo, cada día son más.

En otras áreas te ocurre otro tanto. Así, tampoco tienes el valor de abordar a las chicas que realmente te gustan, pues de antemano te sabes rechazado por ellas. Ello te conduce a estar solo o –lo que es infinitamente peor- a involucrarte en relaciones insatisfactorias; relaciones que igualmente drenan tu energía y tu maltrecha dignidad; relaciones desazonantes, insufribles incluso, alienantes, que no hacen sino amplificar tu malestar. Pura matemática: siempre atraemos aquello que somos; personas cuya vibración psico-emocional es similar a la nuestra (los expertos lo llaman Principio de similitud).

Por fortuna, no has perdido del todo la capacidad de ensoñar. Proyectos, ideas y anhelos siguen revoloteando por tu alma. En cierta manera ello te mantiene a flote. Pero, claro, no es suficiente. Quisieras llevarlos a cabo, ni que fuese uno solo de ellos. Mas te ves incapaz. No confías en tus posibilidades ni talentos. Para nada. En suma: bien poquito te quieres.

Llegados a este párrafo, confesaré que te he mentido. No sólo estoy aquí para certificar tu dilatada extinción. Déjame ser un poco más constructivo: he venido para decirte que me la trae floja tu pasado y que, si estás dispuesto a participar de un singular juego, tu nave enderezará el rumbo y terminará llegando a buen puerto. ¿Te apetece jugar, pues?

Te invito a que te pongas lo más cómodo posible –no te me duermas, ¡eh!, que te conozco- y a que imagines con la mayor minuciosidad posible tu vida ideal. Tómate tu tiempo. Visualízala con todo lujo de detalles; trata, en la medida en que puedas, de implicar imaginariamente a todos tus sentidos: colores, olores, sonidos, texturas… Ponle ganas al asunto. Aplícate. Hazlo cada día durante un mínimo de 5 minutos; a medida que practiques, tu capacidad descriptiva mejorará. Si bien no es imprescindible, te recomiendo además que pongas todo el proceso por escrito -tal que si escribieses un pequeño relato- y que lo releas diariamente, efectuando las correcciones que creas oportunas.

Bien. Has dado un importante primer paso. Te felicito. Sin embargo, no basta con ello (la imaginación es muy poderosa, pero no da para tanto). Tienes que actuar. No, no se trata de redactar un extenso listado de tareas pendientes, hacer acopio de voluntad e ir tachando a medida que vas haciendo sacrificadamente. Es mucho más sencillo y ameno.

¿Cómo te gustaría ser? ¿Qué clase de persona sería capaz de ver cumplidos tus sueños? Sí, ya sé que tú no-eres-así. No es necesario que lo seas. Por ahora te bastará con fingir que lo eres (lo cual, con el tiempo, hará que termines por serlo); eso es todo. ¿Qué creencias, valores y actitudes abrigaría esa persona? ¿Cómo se expresaría, física y verbalmente? ¿Qué hábitos y actividades cultivaría? ¿Cuáles rechazaría de pleno? ¿Con qué tipo de personas se relacionaría? ¿A cuáles trataría de evitar? ¿Qué ambientes frecuentaría y cuáles omitiría? ¿Cómo vestiría?

¿Divertido, verdad? Los actores se ganan la vida con ello. Sólo te resta empezar. Simula ser tu mejor versión posible. Y TE ASEGURO que vas a experimentar sustanciales cambios positivos. Me da igual que te sientas forzado o ridículo o que tu voz interior te diga que no eres capaz de hacerlo. ¡HAZLO!

Amén de ello, te adjunto un par de interrogantes que complementan todo lo anterior: 1) ¿Qué acciones puedes acometer HOY, contando con tus actuales recursos (cualesquiera que éstos sean, pocos o muchos), que te acerquen, ni que sea solamente un poquito, a la vida que quisieras vivir? ¿Y mañana? ¿Y pasado? ¿Y durante el próximo mes? ¿Y a lo largo de todo el año? 2) Antes de hacer algo (o de no hacerlo), acostúmbrate a preguntarte: ¿Esta acción me acerca a lo que deseo o, por el contrario, me aleja? En otras palabras: ¿lo que haces está alineado con lo que quieres?

Asimismo, debo señalarte algo importante: todo lo que te he expuesto es estrictamente científico. Física cuántica y PNL (programación neurolingüística), para ser más precisos. No es esoterismo barato ni nada parecido. Quede claro. Te he mostrado, sin ir más lejos, técnicas empleadas en psicología deportiva y conceptos desarrollados por el prestigioso doctor y bioquímico estadounidense Joe Dispenza, entre otros.

Sin más, te digo “Hasta ahora”. Si sientes –a buen seguro que sí- que he sido excesivamente duro contigo es simplemente porque me importas y porque me ha salido así. Manos a la obra. A jugar, campeón. Te estoy esperando. No tardes. Me aburro soberanamente sin ti.

(Querido y paciente lector: espero que te quede meridianamente claro que no estoy hablando en primera persona, si bien es cierto que algunos de los elementos expuestos los he tomado de mi propia experiencia.

Abrazos de verano).

Coleccionistas

Posted in Uncategorized on 02/08/2011 by Jordi Marí

Somos coleccionistas de información. En pos de un supuesto conocimiento, leemos un libro tras otro y asistimos a incontables cursos en los que al finalizar –cómo no- nos hacen entrega del certificado o el diploma de turno. Sin ir más lejos, en este mismo espacio he venido compilando numerosas técnicas meditativas y similares.

Todo ello, de entrada, está muy bien. Mas en realidad de poco nos sirve si no interiorizamos lo aprendido. Agua de borrajas; mero conocimiento apriorístico, que no verdadero aprendizaje.

Más allá de lucrativos negocios disfrazados de procesos formativos, no se trata, pues, de acumular datos sin ton ni son, sino más bien de experimentar, asimilar, valorar, saborear, reflexionar, cuestionar… En una palabra: VIVIR.

Centrados en el ámbito espiritual, unas pocas técnicas regularmente aplicadas durante años pueden llevarnos muy lejos. No hace falta complicarse: observar con toda atención nuestra respiración o nuestros pensamientos por unos instantes son enseñanzas meditativas de primer orden.

A menos que trascendamos lo meramente intelectual, no alcanzaremos nuestra genuina condición humana. Así, existen personas que atesoran un apabullante bagaje educativo y que, no obstante, viven permanentemente desconectadas de su cuerpo y sus emociones.

(Hasta pronto, bellezones).