¡Ilusiónate!

Nombradlo como queráis: meta, objetivo, acicate, incentivo, estímulo, ambición, expectativa, deseo, aspiración, reto, sueño… No vamos a entrar en matizaciones formales, por cuanto no lo considero necesario en el presente contexto, amén de que hablamos de términos lo suficientemente maleables como para prestarse a numerosas interpretaciones.

Denominaciones al margen, la pretensión de alcanzar un estadio u objeto determinado (siempre y cuando sea llevada de manera saludable) nos aleja de la tristeza, el envejecimiento prematuro y el hastío, desatando en nosotros la creatividad, la esperanza y la alegría. Así, podemos incluso vernos inmersos en circunstancias vitales adversas y, no obstante, aguardar con entusiasmo el futuro.

Os invito a que, contando con la inestimable ayuda del lápiz y el papel, os hagáis preguntas tales que:

– ¿Cuáles son mis actuales prioridades?
– ¿Qué me gustaría hacer o lograr?
– ¿De qué necesito desprenderme? ¿Qué actividades, situaciones o relaciones minan mi energía?
– ¿Qué acciones puedo emprender hoy, contando con mis actuales recursos y capacidades, para acercarme más a lo que deseo? ¿Y durante la próxima semana? ¿Y a lo largo del próximo mes? ¿Y por los siguientes dos años?
– ¿Qué actuaciones, comportamientos o hábitos míos me alejan de lo que quiero?
– ¿Qué creencias, valores y actitudes me pueden ayudar a conseguirlo? ¿Cuáles me conviene desechar?
– ¿Cómo sería mi vida si lograse mi meta? ¿Soy capaz de visualizar mentalmente esa vida?
– ¿Estoy preparado para ver materializado mi deseo? ¿Qué me falta para estarlo?

Tomaos tiempo para responder.

Es importante, finalmente, ser pacientes con la empresa y con nosotros mismos, así como movernos en los márgenes de lo factible: se trata de ilusionarse, no de desvariar.

(Hasta pronto, soñadores).

5 comentarios to “¡Ilusiónate!”

  1. juan antonio peinado Says:

    Creo Jordi que tienes razón: hay que ilusionarse. No importa que nos falten metas por cumplir, nadie es perfecto. Es indiferente que no logremos todas las metas que nos marquemos, basta con intentar entusiasmarse. En otras palabras, tenemos que creer en nosotros-as mismos-as. Y repletos de esperanza luchar denodadamente por dar un volantazo a nuestra vida. Sin duda hay que cambiar de rumbo.

  2. En primer lugar, gracias por tu fidelidad y tus aportaciones. Como bien dices, no importa tanto la consecución del objetivo como el trabajo personal realizado en pos del mismo. No podemos, pues, garantizar resultados; mas sí podemos garantizar desarrollos personales.

    Un abrazo rebosante de esperanza.

  3. Mi principal meta es no tener metas.
    Así estoy mejor.

    The best goal is no goal, como apunta Leo Batauta de Zen Habits.

    Saludos, Jordi y compañía.

  4. Ante todo, Víctor, gracias, por enésima vez, por tu fidelidad para con este espacio, el cual construimos entre todos cuantos en él participamos.

    ¿De veras vives sin expectativa alguna, sin esperar absolutamente nada de la vida? Y más aún: ¿Te sientes vivo así? Si has alcanzado semejante estadio, mereces ser llamado maestro zen (y no estoy de coña, ni muchísimo menos mofándome de ti ni faltándote al respeto).

    Te cuento. Durante mi corta pero enriquecedora estancia en el dojo zen, nos instaban a meditar sin esperar beneficio alguno de la práctica, o séase, meditar por el mero hecho de meditar. sobra decir que yo fui (y soy aún) incapaz de hacerlo, habida cuenta de que siempre espero obtener algo de todo aquello que emprendo.

    Un abrazo veraniego pa ti, amigo de caminos cibernéticos.

  5. Buena pregunta, Jordi.
    Todo surgió porque estaba cansado de no saber qué quería en la vida, de no saber qué hacer, de tratar de proyectar alguna meta y no encontrar ninguna…
    Después de buscar y buscar y no hallar, llegué a la conclusión de que no había nada que buscar ni hallar. Simplemente SER.
    Sobra decir que no estoy en paz, salvo rarísimas ocasiones, pero en cierto modo sí he reducido la ansiedad por hacer o buscar alguna motivación especial y eso para mí ya es un triunfo.
    Leer a Matthieu Ricard y a Comte-Sponville me han servido de gran ayuda, aunque estoy muy lejos de poder poner en práctica sus excelentes filosofías.
    Bien sabes, por mis escritos, que vivo con cierta crispación insana que me tiene atrapado.

    Un saludo, Jordi y gracias por tu siempre generosa actitud.

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