Teleporquería

(Quede claro de antemano que no pretendo sentar cátedra ni enmendar a nadie -conmigo mismo me basto y me sobro-. Únicamente deseo expresar mi parecer, como tal subjetivo, no necesariamente certero y susceptible a toda discusión).

Buena parte de la oferta televisiva en prime time ha naturalizado el insulto, lo soez y la confrontación arrabalera. Tales espacios convierten al telespectador en entretenido visitante de una suerte de barraca ferial en la que quien más chilla, más groserías prorrumpe y más intimidades airea, acapara mayores atenciones, aplausos y simpatías.

Hasta aquí nada que objetar. Allá cada cual con su particular empleo del tiempo, sus gustos y sus exigencias. Nadie nos obliga a ver según qué programas ni, siquiera, a tener un aparato de televisión. Empero, sí me parece oportuno indicar lo siguiente: NO ES POSIBLE EXPONERSE A ALGO SIN ABSORBER PARTE O LA TOTALIDAD DE SUS PROPIEDADES. Estudios científicos (1) señalan que, mientras la mente consciente registra un máximo de 50 bits de información por segundo, el subconsciente llega a almacenar en ese periodo de tiempo hasta 11 millones de datos. En otras palabras: al inconsciente no se le escapa una. Atendiendo a ello, me veo en la obligación de ser sumamente cuidadoso con aquello a lo que me expongo: dos horas de semejante toxicidad televisiva (spots publicitarios incluidos) son devastadoras para la inteligencia emocional del individuo. Con toda seguridad.

(1) Redes 45: El experto y sabio inconsciente.

3 comentarios to “Teleporquería”

  1. Por eso yo sólo veo Bob Esponja, con sus amigos Patricio y Calamardo. ¿Qué efectos tendrá eso sobre mi inconsciente? Lo mismo un día lleno la bañera y me creo Bob y me ahogo y entonces….
    Estoy contigo, Jordi. Creo que la gente ve esos programas porque en cierto modo necesitan comprobar que su vida es tan mísera como la de esos personajillos de la telebasura. Así se sienten acompañados en su triste destino.

    Saludos, udos.

  2. juan antonio peinado Says:

    Comparto tu opinión, jordi. La televisión basura nos está condenando en el estado español a una degradación moral que tardará unos años en disiparse. Yo creo que sería el gobierno central o los autonómicos y municpales responsables de sentar un código ético mínimo a cumplir por todos los canales de televisión. Evidentemente la reacción a este adocenamiento mental tiene que ser fulminante, y espero que se termine por el bien del país con esta lacra. Un abrazo. Y adelante, Jordi, con tu blog

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