Archivo para abril, 2011

Santa Semana

Posted in Uncategorized on 20/04/2011 by Jordi Marí

Semana Santa. Con independencia de toda filiación religiosa o matización histórica, celebramos la presencia de uno de los más sobresalientes maestros espirituales que nunca haya dado la humanidad. Hace apenas si un par de décadas, podíamos aún encontrar algunas voces autorizadas que cuestionaban severamente la existencia de Jesús de Nazaret. Hoy, a resultas del reciente hallazgo de diversas piezas arqueológicas, la misma resulta prácticamente irrefutable.

Tal es la belleza, solidez y perdurabilidad de las enseñanzas de Jesús, que han logrado sobrevivir al paso erosivo de los siglos y a los continuos desmanes eclesiásticos. La Santa Iglesia Católica. Con ellos hemos topado. Con una organización que ha traicionado vilmente el Evangelio; un lucrativo y alienante negocio que ha devastado incontables sensibilidades humanas. Meros trasuntos de aquellos fariseos y maestros de leyes que hace dos milenios llevaron al Cristo a la muerte. Mi fe cristiana me colma de vergüenza e indignación ante aquéllos que se erigen en depositarios e intérpretes de un supuesto orden divino. Empero, que los árboles no nos impidan ver el bosque. Por favor. A fecha de 2011, devorado el ser humano por su propio egoísmo, ignorancia y cobardía, la Palabra de quien hizo del amor incondicional al prójimo razón de vida y de muerte, se revela más necesaria que nunca.

(Dios te bendiga, Jesús de Nazaret).

Deseos cumplidos

Posted in Uncategorized on 17/04/2011 by Jordi Marí

“Eliminando el deseo se elimina el dolor” (Enseñanza budista)

Durante el último lustro, coincidiendo con la aparición del documental y el libro El secreto (Rhonda Byrne, 2006), se ha popularizado la llamada Ley de la atracción. Tal teoría, nada novedosa (1), nos habla de materializar nuestros deseos. No voy a pormenorizar sobre dicha ley (2), la cual me parece muy a tener en cuenta. Mi propósito es apuntar un aspecto esencial no tratado en las obras que he leído sobre esta temática. Veámoslo.

Hablamos de hacer realidad nuestros deseos. ¿Quién no quisiera ver materializados sus anhelos más profundos? Todo hijo de vecino. Ello, amén de humano, es perfectamente lícito. Sin embargo, existe una consideración previa que no debe ser obviada: ¿A qué obedecen mis deseos? No nos extrañe que, de ser mínimamente francos con nosotros mismos y exhaustivos en la observación, concluyamos que muchos de nuestros deseos responden más a manifestaciones egóticas que a expresiones individuales genuinas.

Asimismo, se impone diferenciar el deseo que aviva e incita a la mejora personal del marcadamente destructivo. Todo radica en nuestro orden de prioridades. Así, por poner un ejemplo, no hay absolutamente nada de malo en amasar ingentes cantidades de dinero y rodearse de toda suerte de lujos. El quid es qué lugar ocupa ello en nuestra vida, qué valor le concedemos. Si anteponemos la riqueza meramente material a la humana, estaremos irremisiblemente perdidos. No nos extrañe, pues, la común paradoja de hallar a personas de extracción humilde que viven felizmente frente a otras que, pese a nadar en la abundancia, sufren una auténtica pesadilla. Finalmente, cabe considerar que, si algo se nos niega repetidamente, posiblemente no sea bueno para nosotros, por más que lo pretendamos.

(1) “Pedid y se os dará” (Mateo 7:7).
(2) Remito al lector interesado en la misma a la lectura de alguno de los numerosos libros que abordan el tema.

En estado crítico

Posted in Uncategorized on 12/04/2011 by Jordi Marí

Mi mejor amiga, a sus casi 50 años de edad, está rejuveneciendo. Exteriormente, ha perdido peso y luce un peinado y un guardarropa más moderno y favorecedor; interiormente, ha comenzado a dejar atrás diversos hábitos profundamente autodestructivos (adicción al tabaco, alimentación inadecuada, creencias limitantes…). Ambos, exterior e interior, se hallan estrechamente interrelacionados. Lo uno conduce a lo otro. “Como es adentro, es afuera”, reza la milenaria Tabla de Esmeralda.

Lo más curioso del caso es que, según ella me comenta, algunos de sus allegados (en especial las mujeres) se muestran de lo más críticos ante tal cambio: “Estás esquelética”, “Se nota que te cuidas poco”, “No tienes buen aspecto”… Si la envidia fuese música, muchos de nosotros seríamos verdaderas orquestas sinfónicas.

No toda crítica es intrínsecamente destructiva. En ocasiones, una bienintencionada observación ajena puede conducirnos a la mejora. Empero, necesitamos establecer diferencias. ¿Cómo podemos discernir, pues, si una crítica resulta o no pertinente? Existe una pregunta-barómetro prácticamente infalible: ¿Qué grado de coherencia presenta la persona que me critica? “Mírale la vida”, sugiere el psicólogo y escritor argentino José Luis Parisse. Pondré unos pocos ejemplos:

-Alguien que muestra un sobrepeso considerable nos dice que estamos demasiado delgados.
-Un individuo que tiene problemas para llegar a final de mes cuestiona nuestro empleo del dinero (o nos ofrece “sabios” consejos financieros).
-Un casado desaprueba nuestra soltería y, no satisfecho con ello, nos apremia a contraer matrimonio (por lo común, suele tratarse de sujetos cuya vida marital deja bastante que desear).
-Una persona que presenta una salud deficiente (exceso de colesterol y/o azúcar, problemas cardiovasculares, hipertensión…) censura nuestros hábitos alimenticios (“Estás cargado de manías”).
-Nuestro look es severamente criticado por alguien de aspecto desfasado o anodino (“Ya no tienes edad para vestir así”).

Asimismo, también prolifera otro tipo de crítica, más solapada pero igualmente nociva, basada en una comparación superficial y tendenciosa: “Tú sí que vives bien”, “Qué suerte que tienes”, “Tendrías que verte en mi lugar”, “Así cualquiera”… A poco que prestemos atención a dichos comentarios, entreveremos en ellos beligerancia, envidia, insatisfacción e irresponsabilidad (individuos que viven instalados en la queja y en la ausencia de toda corresponsabilidad).

La mayoría de personas actuamos más por mimetismo y reacción que por reflexión y sensibilidad. Hacemos aquello que se supone que debemos hacer, lo que todo el mundo hace, sin cuestionar si ello es o no adecuado para nosotros. “De cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. Tan certera y demoledora frase fue pronunciada por Antonio Machado. Ocurre a menudo que el mero hecho de ver a alguien haciendo aquello que nosotros quisiéramos llevar a cabo nos resulta insoportable, de tan doloroso. Ello, a menos que dispongamos de una considerable capacidad autocrítica, nos impele hacia lo negativo. Así, criticamos, desaprobamos, censuramos, nos mofamos, ofendemos, chafardeamos, calumniamos, insultamos y, llegados a situaciones extremas, enfermamos, nos suicidamos o, incluso, acometemos acciones violentas. Todo menos tomar el timón de nuestra propia existencia.

(Abrazos y besos).

Bendita música

Posted in Uncategorized on 05/04/2011 by Jordi Marí

Días atrás me reencontré con un disco que llevaba mucho tiempo sin escuchar. Se trataba de una grabación que cobró plena importancia para mí durante mi adolescencia, allá por los lejanos años 80. Apenas si sonaron los primeros compases de la canción que abre la misma, una catarata de recuerdos se precipitó sobre mi memoria; olvidadas escenas de pubertad, revestidas de suma emoción personal. Lo más relevante de ello es que, sin pretenderlo yo, éstas surtieron en mí un sutil efecto catártico: amanecieron nuevas lecturas de los hechos de antaño; acaso una mayor comprensión de mi propio itinerario vital. Mi deuda de gratitud con respecto a mis padres, si cabe, se acrecentó.
 
La música apela directa e implacablemente a nuestras emociones. Es una suerte de viaje, no siempre placentero, a nuestro hemisferio cerebral derecho (nuestra parte más creativa e intuitiva). Desata un profundo conocimiento de la naturaleza humana que trasciende lo meramente intelectual. Os invito, pues, a que escuchéis nuevamente las melodías de vuestra infancia y adolescencia… Os aguardan gratas sorpresas.  
 
PS: Moltíssimes gràcies, estimada mare, per regalar-me en el dia del meu tretzè aniversari l’immortal Back in Black, dels meus inseparables amics AC/DC.