Perdono pero no olvido

“La gente a la que más nos cuesta amar es la que más amor necesita”.

(frase extraída de la película El guerrero pacífico)

Perdonar no necesariamente equivale a poder olvidar el daño infligido. De hecho, en ocasiones llegamos a sufrir –o así lo interpretamos- tales acciones negativas por parte de otros que, pese a esforzarnos en omitirlas, nos resulta imposible borrarlas de la memoria. Perdono, pues, pero no olvido. Semejante enunciado, prorrumpido por lo común en tono vengativo, encierra, paradójicamente, una manifiesta verdad. Empero, muchos de nosotros, erróneamente, lamentamos no saber perdonar una ofensa recibida, habida cuenta de las recurrentes imágenes asociadas a la misma que asaltan nuestro pensamiento.

Llegados aquí, se impone una pregunta: ¿Qué es perdonar? Perdonar es una práctica –como tal susceptible de toda mejora- mediante la cual tratamos de positivizar en mayor medida una acción negativa padecida.

El perdón se fundamenta en dos elementos: sabiduría y compasión. Veámoslos someramente.

La sabiduría trasciende el mero conocimiento intelectual. Conlleva, indefectiblemente, una completa asimilación emocional y una escrupulosa aplicación de los conceptos adquiridos. No existe disociación alguna, por tanto, entre lo que se piensa, se dice y se hace. Atendiendo a ello, fácilmente podemos concluir que, si bien numerosas personas ostentan valiosa información (y formación), contadas son las que atesoran verdadera sapiencia.

La compasión, a su vez, es una actitud basada en un reconocimiento genuino del igual valor intrínseco de todos los seres humanos, así como de su pleno derecho a la felicidad. En última instancia, el sujeto sumamente compasivo es incapaz de soportar el dolor ajeno, puesto que ve en el prójimo a un par, una manifestación vital tan única y preciosa como la suya propia. Tal sentimiento de hermandad le empuja fervorosamente a emprender acciones paliativas de dicho sufrimiento (enseñanzas, cuidados, trabajos comunitarios, etc.).

La completa integración de ambas condiciones da lugar a un perdón espontáneo y sentido. Un perdón que separa la acción dañosa del sujeto que la ha producido. Un perdón que entiende que todo mal nace, esencialmente, de un estado de ignorancia. Un perdón que conoce, por propia experiencia, los devastadores efectos que las emociones perturbadoras originan en el proceder y en la salud de las personas (no hay justicia más implacable que la ley kármica).

Perdonar no es pasar pusilánimemente por alto una acción negativa ajena (ello sería tan nefasto para el ofensor como para el ofendido). Perdonar es trabajar en pro del bienestar colectivo, lo cual nos conduce a dar respuestas sabias y compasivas. Así, respondemos de inmediato al perjuicio sufrido, no para alimentar nuestro ego, sino por pura compasión hacia quien ha obrado desacertadamente.

Abrazos.

PS: Estoy a años luz de aplicar cuanto escribo; mas, por lo menos, conozco un poco la teoría.

Más PS: Dedico esta entrada a todos aquellos que, haciendo gala de una infinita paciencia, han sabido perdonar mis recurrentes faltas y deficiencias. Y a quienes (lícita pero equivocadamente) optaron por la vía del rencor, o cuando menos por un sonoro silencio, ruego acepten mis más sinceras disculpas, así como mis mejores deseos.

8 comentarios to “Perdono pero no olvido”

  1. Irene Says:

    Querido Jordi,

    Cuando he leido lo que has escrito, me ha venido a la mente una frase “El tonto nunca perdona ni olvida, el ingenuo perdona y olvida, el sabio perdona pero no olvida” (Thomas Szasz) que este conforme o no con ella, es otra historia, pero si creo que hay que perdonar y no es necesario que quien ha ofendido este delante, pues es algo personal, encontrar un lugar tranquilo, visualizar a la persona, intentar entenderla, sentir el daño que nos ha hecho y dejarlo marchar, sentir, perdonar y sacarlo, que no se quede dentro de nosotros, pues nos hace más daño del que podemos imaginar, cuesta y también depende de los sucesos, pero se puede lograr.
    Un abrazo muy muy muy fuerte.

  2. Amén (centenares de millones de billones de trillones de gracias por tu participación).

  3. Estoy con Irene.
    Al margen, decir que nunca he tenido la necesidad de perdonar porque no he encontrado motivo alguno por el que tuviera que perdonar. Las agresiones que haya podido recibir no pasaron de ahí.
    Supongo que si asesinaran a un hijo mío (caso de tenerlo), quizá debería perdonar, pero no sé si podría…

    Saludos, Jordi, Irene.

  4. Irene Says:

    Sobre este tema, tendríamos también un gran debate.

    Un abrazo a los dos (:

  5. Lucía Says:

    Hola Jordi:

    “El perdón es el agua que extermina los incendios del alma.””El perdón que te regalo no es dádiva, ni es presente, es la paz de mi regazo.” Al final eso debe significar, la paz de uno mismo.
    Un abrazo.

  6. Hermosas palabras, Lucía.

    A mí me ocurre otro tanto, Víctor: nunca he almacenado un rencor excesivo hacia nadie. Acaso, en primera instancia, multitud de reacciones mentalmente o verbalmente agresivas (aún me ocurre), las cuales, con el tiempo, he transmutado en comprensión. Un abrazo.

  7. Cuantas veces habré dicho yo esa manida frase… ” perdono pero no olvido” partiendo de la base que soy una persona bastante sensible y se me hacía daño con relativa facilidad… es bien cierto que con el tiempo aprendí que el daño si es físico cualquiera tiene capacidad para hacernoslo… ( nunca ha sido el caso, estoy en contra de la violencia) para eso somos supuestamente seres inteligentes y debemos solucionar los problemas con el diálogo, pero en nuestra psique, en nuestro espiritu solo pueden dañarnos si nosotros lo permitimos. Personalmente me es más sencillo aplicar, cuando de verdad me hacen daño, no me paro en nimiedades, la frase al revés… no sé si lograré perdonarte, pero si voy a olvidarlo. Reconozco que aunque es dejar volar el sufrimiento me cuesta perdonar.

    Un saludo.

    Sam.

    • Suscribo por completo tu comentario, Sam: “en nuestro espíritu sólo pueden dañarnos si nosotros lo permitimos”. En realidad, quien nos daña se daña a sí mismo en primera instancia. Es bueno tener esto presente, ni que sea a un nivel puramente teórico. Asimismo, dices que te cuesta perdonar. Creo que eso nos ocurre a casi todos. No nos han educado para ello; más bien lo han hecho (y muy bien, por cierto) en el odio, el rencor, la envidia y tantos otros postulados negativos. Un abrazo.

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