Archivo para marzo, 2011

Nuevas acciones: nuevas situaciones

Posted in Uncategorized on 31/03/2011 by Jordi Marí

(Dos nuevas propuestas que, acaso, os resultarán interesantes).

Primera. Realizad vuestros quehaceres de un modo diferente. Buscad nuevos enfoques, distintos procederes ante lo cotidiano. Examinad cuidadosamente vuestros usos y costumbres. Cuestionadlos abiertamente. ¿Es esta la mejor manera de hacer las cosas? ¿Cómo puedo optimizar mi actuación en este ámbito? ¿Sería posible hacer más amena tal actividad? ¿Podría realizarlo igual de bien y en menos tiempo? El principio milenario japonés del kaizen nos invita a la mejora constante, a introducir continuos cambios en nuestra vida, habida cuenta de que todo orden, por más perfecto que devenga, siempre es susceptible de ser mejorado. Probadlo, pues.

Segunda. Poneos a prueba. Haced cada día algo que os suponga un pequeño desafío. Acciones que, bien sea por pereza, inseguridad o miedo, usualmente evitáis. Confrontaos con vuestros temores; llevad a cabo aquello que más teméis. De no ser posible en primera instancia, introducidlo paulatinamente. Aproximaos a ello tanto como podáis.

(Ambos elementos presentados manifiestan un hecho incuestionable: si seguimos haciendo lo mismo, indefectiblemente experimentaremos lo mismo. Nuevas acciones generan nuevas situaciones. Manos a la obra, campeones).

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Te quiero

Posted in Uncategorized on 24/03/2011 by Jordi Marí

Así, a bote pronto, con toda visceralidad, os propongo un enunciado radical: decid “Te quiero” a todas aquellas personas que os importan y a las que nunca se lo habéis dicho; asimismo, haced hincapié en demostrárselo a quienes ya se lo habéis dicho. Ello os hará indeciblemente más felices y libres. Creedme.

PS: Disfrutad como energúmenos de la vida y del finde; haced del momento presente una incurable adicción. Os quiero, meditadores.

Perdono pero no olvido

Posted in Uncategorized on 24/03/2011 by Jordi Marí

“La gente a la que más nos cuesta amar es la que más amor necesita”.

(frase extraída de la película El guerrero pacífico)

Perdonar no necesariamente equivale a poder olvidar el daño infligido. De hecho, en ocasiones llegamos a sufrir –o así lo interpretamos- tales acciones negativas por parte de otros que, pese a esforzarnos en omitirlas, nos resulta imposible borrarlas de la memoria. Perdono, pues, pero no olvido. Semejante enunciado, prorrumpido por lo común en tono vengativo, encierra, paradójicamente, una manifiesta verdad. Empero, muchos de nosotros, erróneamente, lamentamos no saber perdonar una ofensa recibida, habida cuenta de las recurrentes imágenes asociadas a la misma que asaltan nuestro pensamiento.

Llegados aquí, se impone una pregunta: ¿Qué es perdonar? Perdonar es una práctica –como tal susceptible de toda mejora- mediante la cual tratamos de positivizar en mayor medida una acción negativa padecida.

El perdón se fundamenta en dos elementos: sabiduría y compasión. Veámoslos someramente.

La sabiduría trasciende el mero conocimiento intelectual. Conlleva, indefectiblemente, una completa asimilación emocional y una escrupulosa aplicación de los conceptos adquiridos. No existe disociación alguna, por tanto, entre lo que se piensa, se dice y se hace. Atendiendo a ello, fácilmente podemos concluir que, si bien numerosas personas ostentan valiosa información (y formación), contadas son las que atesoran verdadera sapiencia.

La compasión, a su vez, es una actitud basada en un reconocimiento genuino del igual valor intrínseco de todos los seres humanos, así como de su pleno derecho a la felicidad. En última instancia, el sujeto sumamente compasivo es incapaz de soportar el dolor ajeno, puesto que ve en el prójimo a un par, una manifestación vital tan única y preciosa como la suya propia. Tal sentimiento de hermandad le empuja fervorosamente a emprender acciones paliativas de dicho sufrimiento (enseñanzas, cuidados, trabajos comunitarios, etc.).

La completa integración de ambas condiciones da lugar a un perdón espontáneo y sentido. Un perdón que separa la acción dañosa del sujeto que la ha producido. Un perdón que entiende que todo mal nace, esencialmente, de un estado de ignorancia. Un perdón que conoce, por propia experiencia, los devastadores efectos que las emociones perturbadoras originan en el proceder y en la salud de las personas (no hay justicia más implacable que la ley kármica).

Perdonar no es pasar pusilánimemente por alto una acción negativa ajena (ello sería tan nefasto para el ofensor como para el ofendido). Perdonar es trabajar en pro del bienestar colectivo, lo cual nos conduce a dar respuestas sabias y compasivas. Así, respondemos de inmediato al perjuicio sufrido, no para alimentar nuestro ego, sino por pura compasión hacia quien ha obrado desacertadamente.

Abrazos.

PS: Estoy a años luz de aplicar cuanto escribo; mas, por lo menos, conozco un poco la teoría.

Más PS: Dedico esta entrada a todos aquellos que, haciendo gala de una infinita paciencia, han sabido perdonar mis recurrentes faltas y deficiencias. Y a quienes (lícita pero equivocadamente) optaron por la vía del rencor, o cuando menos por un sonoro silencio, ruego acepten mis más sinceras disculpas, así como mis mejores deseos.

Proyección en acción

Posted in Uncategorized on 14/03/2011 by Jordi Marí


He aquí una aplicación que, si bien a priori puede parecer ridícula, en la práctica nos brinda excelentes resultados.

La propuesta es sencilla: cada vez que te encuentres ante una situación difícil o delicada (digamos, la presencia de un individuo conflictivo, un episodio estresante o intimidatorio, un entorno hostil…) piensa en una persona que admires sobremanera (acaso por la paz que te inspira, su seguridad, su bondad, su capacidad comunicativa, su sentido del humor, su entusiasmo, etc.). Alguien a quien conoces o no personalmente (caben, incluso, personajes fallecidos o de ficción, siempre y cuando sean para ti un completo referente). A continuación, pregúntate: “¿Qué haría tal persona bajo esta misma circunstancia? ¿Qué no haría? ¿Cómo obraría? ¿Qué palabras, tono de voz y gestos emplearía?”.

Dicha proyección, contrariamente a hacernos parecer vulgares clones de alguien, nos pone inmediatamente en contacto con algunas de nuestras cualidades más esenciales, las cuales se hallan parcialmente desarrolladas, latentes o inhibidas. Así, entrevemos durante unos instantes toda nuestra potencialidad y pureza, trascendiendo los miedos e inseguridades que obstaculizan la compleción.

Tan cerca, tan lejos

Posted in Uncategorized on 10/03/2011 by Jordi Marí

(Veamos a continuación una propuesta tan sencilla como eficaz).

Por lo común, cuando nos sentimos maltratados o menospreciados por una persona allegada, tendemos a amplificar dicho suceso y, por ende, a negativizar al ofensor. Es posible, incluso, que nos asalte una persistente ira hacia el mismo, la cual, en un primer estadio, puede ser complicada de gestionar. Cuando ello sobreviene, podemos hacer un par de cosas que, a buen seguro, contribuirán a minimizar nuestra inercia emocional nociva: 1) enumerar tantas cualidades positivas como podamos de tal persona 2) rememorar con todo lujo de detalles momentos felices vividos en su compañía.

Tratamos, en última instancia, de separar la acción del sujeto. Más aún: toda vida humana, con independencia de su proceder, es esencialmente de lo más valiosa.

(Lo bueno si breve dos veces bueno. Hasta la próxima).