Archivo para febrero, 2011

Cuidado con lo que afirmas

Posted in Uncategorized on 28/02/2011 by Jordi Marí


Al hilo de la entrada anterior, en la cual abordamos las propias creencias, veamos brevemente a continuación cómo trabajar con las afirmaciones positivas.

Una afirmación es un enunciado verbal. Seamos o no conscientes de ello, constantemente estamos formulando afirmaciones, cualesquiera que sea la naturaleza de éstas. Así, nuestras creencias y nuestro diálogo externo e interno afirman una idiosincrasia, a su vez conformante de una realidad psico-emocional. Atendiendo a esto, las afirmaciones positivas mejoran sustancialmente la calidad de vida del practicante.

Podemos trabajar, para empezar, con 2 ó 3 afirmaciones por día, pronunciándolas frente a un espejo, mirándonos a los ojos, a lo largo de la jornada (ello acentúa favorablemente los beneficios de la práctica).

Características de una afirmación positiva:

-Debe ser realista (rehusaremos, pues, enunciados utópicos o fantasiosos).
-Formularemos siempre las afirmaciones en tiempo presente.
-Las frases serán breves y concisas (evitaremos, por lo tanto, toda retórica accesoria).

He aquí, a modo de ejemplo, algunas afirmaciones positivas:

“Soy amable y respetuoso con todo el mundo”.
“Elijo no discutir ni pelearme”.
“Confío plenamente en mí”.
“Soy paz, salud y prosperidad”.
“Tengo derecho a ser feliz”.
“Siempre tengo elección”.
“Escojo cuidadosamente mis amistades”.

(Os animo encarecidamente a que formuléis las vuestras y las repitáis frente al espejo durante algún tiempo).

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Creencias, valores y actitudes

Posted in Uncategorized on 21/02/2011 by Jordi Marí

Eres aquello en lo que piensas durante todo el día. También eres lo que te dices a ti mismo durante todo el día. Si dices que eres viejo y estás cansado, ese mantra se manifestará en tu realidad externa. Si dices que eres débil y que te falta entusiasmo, así será también tu mundo. Pero si dices que estás sano, que eres dinámico y estás plenamente vivo, tu vida se transformará. Las palabras tienen un poder extraordinario”.

(Robin Sharma)

Tal y como adelanté en la anterior entrada, vamos ahora a pormenorizar sobre tres conceptos: creencias, valores y actitudes.

Creencia

Las dos primeras acepciones que el diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua Española) ofrece sobre dicha palabra son: 1) Firme asentimiento y conformidad con algo. 2) Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos.

Ambas definiciones ponen de manifiesto lo subjetivo del término: que alguien asienta, dé crédito o muestre su conformidad respecto a algo no significa, ni mucho menos, que ese algo se presente como objetivo o verdadero. Así, a menudo encontramos a personas que expresan pareceres contrarios sobre un mismo acontecimiento o cuestión. Ello nos permite constatar que toda creencia es susceptible de ser revisada o moldeada. ¿Y para qué hemos de revisar o, dado el caso, moldear nuestras creencias? Por una razón bien sencilla: somos lo que creemos. Toda creencia genera una vibración psicológico-emocional, la cual, a su vez, genera estados, situaciones y circunstancias. Pondré un ejemplo un tanto simplista, pero ilustrativo a fin de cuentas. La vida de quien crea a pies juntillas que es un inútil incapaz de dar una a derechas, que la gente es mala por naturaleza, que no se puede confiar en nadie y que el mundo cada vez anda peor será muy distinta a la de aquel que sostenga que es perfectamente capaz de vérselas con todo, que el ser humano es esencialmente bondadoso y que toda situación, por más compleja que devenga, puede ser enderezada. “Ten cuidado cuando hables. Con tus palabras, creas el mundo alrededor de ti”, reza un viejo adagio navajo. Propongo, pues, tomar plena responsabilidad sobre nuestras creencias. Cabe, de entrada, examinar al detalle las mismas (¿Me apoyan? ¿Me debilitan? ¿Me aíslan? ¿Me dan confianza? ¿Me aterran? ¿Me espolean?…); hecho esto, realizaremos las pertinentes correcciones, formulando enunciados positivos (no se trata de sostener que somos mejores o más guapos que nadie…; podemos, por ejemplo, enfatizar la creencia de que todos los seres humanos somos igualmente valiosos y tenemos pleno e idéntico derecho a alcanzar un estado de felicidad). Tal proceso (examen de creencias + sustitución de aquellas que nos perjudican) alumbrará nuevos paradigmas, los cuales redundarán positivamente en nuestra calidad de vida.

Valor

Acudamos nuevamente al diccionario de la RAE. De entre las trece acepciones de dicho vocablo, nos interesan dos: 1) Alcance de la significación o importancia de una cosa, acción, palabra o frase. 2) Cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores.

En esta ocasión el diccionario adolece de una cierta imprecisión, por cuanto habría que matizar que los valores pueden variar sustancialmente de un individuo a otro. De este modo, una cualidad que puede ser sumamente importante para una persona (pongamos por caso la honestidad), apenas si cuente para otra. Los valores, pues, son personales y subjetivos. ¿Cuáles son los vuestros? Sinceridad, disciplina, salud, diversión, riqueza, confiabilidad, satisfacción, paz, compañerismo, libertad, justicia, placer, etc. No vamos a entrar en juicios (cada cual, insisto, tendrá sus preferencias e inclinaciones). Mas os invito, en primera instancia, a que defináis los vuestros. Seguidamente, podéis trasladar la siguiente pregunta a las distintas áreas de vuestra vida (trabajo, relaciones, economía, salud, ocio…): “¿Estoy viviendo conforme a mis valores?” Si vuestros valores y acciones no se hallan en perfecta alineación, necesitaréis ajustarlos.

Actitud

“Disposición de ánimo manifestada de algún modo”, en su tercer significado posible según la RAE. Nuestra actitud define cómo nos posicionamos o procedemos con respecto a algo. Ello incluye nuestro comportamiento, expectativas, gestualidad y postura corporal. Toda actitud es una declaración de intenciones que contiene en sí misma la semilla del éxito o del fracaso. Y todo logro demanda una actitud concreta. Así, a la hora de acometer cualquier empresa podemos interrogarnos sobre cuál es la actitud que más favorecerá su consecución.

La propuesta consiste, pues, en analizar concienzudamente nuestro comportamiento, expectativas, gestualidad y postura corporal y, nuevamente, realizar las oportunas correcciones.

(Hasta la próxima, guapetones).

El poder de querer

Posted in Uncategorized on 13/02/2011 by Jordi Marí


A tenor de una conferencia de Emilio Duró cuyo visionado os recomiendo encarecidamente, un amigo me hacía el siguiente comentario: “Si este hombre cobrase 600 euros y tuviera que alimentar a dos hijos, me gustaría verle rebosar tanto optimismo”. Días atrás, una amiga se pronunciaba en similares términos.

(Huelga decir que discrepo por completo de ambos).

Vivimos en una sociedad paradójica. Hemos hecho del drama, la excusa y la queja moneda de cambio (“La vida es dura”, “Algunos lo han tenido muy fácil”, “No he tenido suerte en la vida”, “Me tienen manía”) y, por contra, rehusamos todo atisbo de esfuerzo y responsabilidad. Dios proveerá. Papá Estado tiene la obligación de sacarme las castañas del fuego (para eso voy cada día a un-trabajo-de-mierda-en-el-que-me-pagan-un-sueldo-de-mierda y pago puntualmente mis impuestos). Cuando ello no concurre (se auguran malos tiempos para dichas mentalidades), pasamos directamente a adoptar el rol de víctima o al ataque frontal contra todo hijo de vecino. Todo salvo ser autocríticos.

No podemos negar la presencia de situaciones adversas o dolorosas en la existencia humana. Mas el verdadero factor diferencial radica en las creencias, valores y actitudes que abriguemos (1). Los anteriores enunciados encierran en sí mismos el fracaso (“Lo malo de los pensamientos negativos es que funcionan”, recordemos). Propongo, pues, abrazar creencias, valores y actitudes que nos apoyen incondicionalmente, cualesquiera que sean nuestras circunstancias vitales. Ello, con plena seguridad, nos generará oportunidades, circunstancias propicias, experiencias más gratas. Al respecto, El bueno de Emilio Duró señala que aquellas cualidades que nos conducen a la excelencia (disciplina, tesón, constancia, arrojo, confianza, etc.) no guardan relación alguna con la educación académica recibida sino, más bien, con la propia actitud personal. No siempre podemos garantizar resultados; empero, tenemos la capacidad potencial de ofrecer respuestas positivas ante los aconteceres cotidianos.

(1) En la próxima entrega ahondaremos en estos tres conceptos.

http://vimeo.com/12555625
http://vimeo.com/12579154