Mente asesina

(Me vais a permitir que saque a colación un reciente episodio personal, a modo de ejemplo de las malas pasadas que nos juega nuestra recurrente identificación con lo mental).

Me hallo en casa de una pareja amiga la cual tiene un perro de considerables dimensiones. Durante un prolongado espacio de tiempo acaricio repetidamente al can, quien reposa a mi lado sobre un sofá. El animal, dócil e inmóvil, se deja hacer totalmente por mí. Mis amigos, entre risas, celebran las buenas migas que ambos hemos hecho. Yo, jactándome para mis adentros de mi don de canes, les pregunto:

-¿De qué raza es?
-Es un pitbull -responde uno de ellos, despreocupadamente-.

Pitbull… Un pitbull. Tras escuchar dicha palabra, ceso de inmediato de acariciar al perro. Mi mente especula ahora con el posible peligro que se cierne sobre mi persona. Visualizo al manso animal, convertido por obra y gracia de mi imaginación en una despiadada bestia asesina, arrojándose súbitamente sobre mí y despedazándome; acaso me arranque una mano a dentelladas… Durante unos instantes el miedo se apodera por completo de mí. Me aparto todo cuanto puedo del pitbull y, con plena sinceridad, manifiesto mi temor a los propietarios del mismo. Las palabras de éstos me tranquilizan paulatinamente: jamás ha atacado a nadie; bien al contrario, siempre se ha mostrado de lo más pacífico con todo el mundo. Pasados unos minutos, recobro del todo la confianza y la cordura y vuelvo a las andadas táctiles con el can.

La presente anécdota me ha llevado a reflexionar sobre cuán a menudo prejuzgamos y etiquetamos a personas, animales y cosas sin conocerlos en absoluto. Tan identificados estamos con nuestro contenido mental, que hemos llegado a creer a pies juntillas que somos el mismo. No ha lugar, pues, para la conciencia, para el gesto espontáneo e intuitivo. Codificamos y cosificamos lo externo y automatizamos nuestras respuestas, a resultas de un supuesto conocimiento adquirido. Y a menos que aprendamos a disociarnos de lo mental (devengamos distantes observadores de nuestros pensamientos), (mal)viviremos de espaldas a la realidad humana.

3 comentarios to “Mente asesina”

  1. Supongo que es una actitud natural. Debido a esa actitud podemos alejarnos del peligro e intuirlo. La mente se prepara para escapar o especular sobre algo que ya ha visto antes y que le resultó dañino. Creo que es un medio de defensa. No obstante, nuestra mente racional puede obviar en gran medida ese instinto para reconocer el bien en el supuesto mal.
    Saludos, Jordi.

  2. tangai Says:

    Muy interesante relato, fiel a los patrones que a diario encontramos; en nosotros mismos y en los demás.

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