¡Te odio!

“Se ha querido hallar el odio en el fondo de la condición humana, pero el odio no es otra cosa que una desviación de la tendencia amorosa.”

                                                                                                               Joan Barril

Si bien odio y deseo se contraponen, ambos se sustentan en similares conceptos erróneos. Veamos seguidamente el primero.

Meditación sobre el odio

Tal estado perturbador nace de la percepción parcial, reduccionista y falaz –en suma: ignorante- de que quien nos despierta una honda animadversión carece de todo rasgo positivo. Así, por más daño directo o indirecto que alguien pueda habernos causado, tengamos bien por seguro que éste, en un momento u otro de su existencia, habrá obrado de manera bondadosa para con otro sujeto. Ello nos lleva a considerar la naturaleza puramente subjetiva de dicha condición: con independencia de nuestras acciones, podemos ser odiados por unos y admirados por otros.

Por otro lado, y aun partiendo del ficticio enunciado de que la persona odiada resulte completamente perjudicial para el conjunto de seres, cabe detenerse una vez más a reflexionar sobre las dañosas consecuencias físicas y emocionales que conlleva dar cabida al odio.

Finalmente, os propongo un pequeño ejercicio: pensad en alguien a quien detestáis profundamente y tratad de encontrarle cualidades positivas. Haberlas, haylas. A buen seguro.

(En la próxima entrega analizaremos el deseo).

3 comentarios to “¡Te odio!”

  1. Interesante este tema.
    Cierto es que el odio genera en el que lo siente un estado de malestar y negatividad. Es necesario erradicarlo de nosotros, pero…
    ¿por qué lo hemos desarrollado a lo largo de la existencia? ¿Cumple alguna función necesaria en términos evolutivos hablando?

    Por otro lado, estoy dándome cuenta al leer a Ricard Matthieu, lo importante que es mantenernos independientes con respecto a nuestras emociones.

    Saludos, Jordi.

  2. Desconozco por completo si el odio cumple funciones evolutivas. Respecto al porqué de su desarrollo, opino que su último fundamento es la ignorancia, causante a su vez de toda suerte de emociones perturbadoras y acciones perniciosas.

    Completamente de acuerdo contigo en lo tocante a disociarse de las propias emociones (y pensamientos). Asimismo, agradezco sobremanera las enseñanzas del maestro Matthieu Ricard.

    Un abrazo caluroso (máxime hoy, que está nevando en Madrid).

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