Queridos enemigos

“Expresar violencia hacia otro ser humano es expresar violencia hacia uno mismo.” 

David Icke

Meditación sobre un enemigo 

Veamos a continuación una práctica que tiene por objeto fomentar la compasión respecto a un enemigo. Dividiremos la misma en cinco apartados: 

1)  Piensa en ti en primera instancia. Reflexiona detenidamente sobre tu aspiración, cual ser humano, de alcanzar la felicidad y liberarte de las causas de tu sufrimiento. Haz hincapié, asimismo, en la plena legitimidad de dicha aspiración, con independencia de las acciones perniciosas que puedas haber acometido en el pasado. Ahora, pormenoriza en los posibles condicionantes (todos ellos producto de un estado de ignorancia) que te llevaron a obrar de semejante modo: inexperiencia, desconocimiento, miedo, celos, ira, envidia, codicia… Por último, visualízate experimentando una amalgama de emociones y situaciones positivas: amor, paz, alegría, prosperidad, satisfacción profesional, óptima salud, etc. Recréate durante algunos minutos en la contemplación de tan dichosa condición.

2)  Repite dicho proceso, esta vez bajo la persona de uno de tus padres (si por el motivo que fuere tu relación con ellos no es buena, céntrate en tu ser más querido).

3)  Partiendo de idénticas premisas, focalízate ahora en un buen amigo. 

4)  Llegado aquí, elige a un individuo que te sea completamente indiferente (bien pudiera ser un completo desconocido) y realiza nuevamente la práctica.

5)  Crea finalmente una imagen mental de alguien a quien detestas profundamente; alguien que, de manera justificada o no, te provoque una honda animadversión. Acaso se trate de una persona que ha malhablado de ti o te ha insultado, te ha perjudicado ostensiblemente o, incluso, ha llegado al extremo de causarte daños físicos. Hecho esto, medita a propósito del estado ignorante que le condujo a realizar tales actos. Seguidamente, especula sobre las inevitables consecuencias negativas de los mismos para con ese individuo. A resultas de ello, haz cuanto puedas –ni que fuere a un nivel estrictamente racional- por adoptar una posición compasiva hacia él, disociándolo de sus acciones nocivas. Detente a considerar que éste, al igual que la totalidad de la especie humana, desea verse libre de los estados perturbadores que originan su sufrimiento y ser feliz. Concluye con una visualización de dicho sujeto recibiendo toda suerte de bendiciones (amor, bonanza, serenidad, vitalidad, equilibrio, generosidad…), en beneficio último de todos los seres.

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