Meditación al alcance de todos

Si bien muchos de nosotros, en buena medida por desconocimiento, asociamos el término “meditación” a toda suerte de complejas posturas corporales y técnicas respiratorias, lo cierto es que tal disciplina es, en esencia, harto sencilla (si bien no de fácil aplicación). Así, meditar es, simplemente, fijar toda atención en un punto, sujeto o actividad. Ello, ciertamente, se antoja un soberano reto para una mente -la nuestra, la del ciudadano de a pie- carente del menor entrenamiento meditativo; una mente que campa a sus anchas, a menudo descontrolada. Dicho esto, una de las técnicas meditativas más elementales (al tiempo que poderosas) que podemos incorporar es concentrarnos plenamente en nuestras actividades cotidianas. Veamos. ¿Comemos con la debida atención, o séase, masticando lentamente y saboreando cada bocado? ¿Tenemos, siquiera, un mínimo de conciencia postural, gestual y motriz al andar, tomar asiento en una silla o subir un tramo de escaleras? ¿Escuchamos con suma atención a las personas con las que, bien a diario u ocasionalmente, nos relacionamos? ¿Observamos detenidamente nuestro entorno circundante? Estas y otras preguntas que guardan estrecha relación con nuestro estado de conciencia, bien pudieran simplificarse en un único enunciado: ¿Andamos por el mundo despiertos o dormidos? Bajo semejante premisa, lo primero se asocia a lo consciente, lo presente, lo espontáneo; lo segundo, por el contrario, se relaciona con lo inconsciente, lo mecánico, lo desnaturalizado. De optar por dicha práctica –y quede claro que hablo tan sólo en calidad de aprendiz de la misma- daremos un importante giro cognitivo-perceptivo-conductual a nuestra vida; si se me permite el atrevimiento: devendremos personas sustancialmente más completas y libres.

Baste lo anterior por el momento. A lo largo de las próximas entradas iremos viendo otras propuestas meditativas igualmente sencillas como efectivas.

2 comentarios to “Meditación al alcance de todos”

  1. Hola, Jordi.
    A diario vivimos practicando actitudes mecanizadas y “ausentes” pretendiendo encontrar el bienestar y la felicidad en lo que vendrá y no en lo que es. Por ello pasamos la mayor parte de nuestro tiempo corriendo detrás de algo que avanza a la misma velocidad que nosotros. Si nos paramos, se para. Si avanzamos avanza, pero nunca se deja coger. Sólo podemos verlo, intuir su tacto, pero nunca alcanzarlo.
    Cierto es lo que dices y poner en práctica esta técnica que a la vez de sencilla es realmente complicada, pues para ello hay que controlar una mente acostumbrada a vivir desbocada.
    La primera noción que tengo de esta sencilla técnica me vino de la mano de alguien que me dijo hace mucho tiempo que la felicidad se encuentra en el trozo de pan que te llevas a la boca. Y esto me lo dijo alguien que gozaba de una alta posición económica e intelectual.
    Muchas gracias por compartir tus conocimientos con el resto de la gente.

  2. Gracias a ti, Víctor, por tus apreciaciones.

    Un par de días atrás escuché una frase en boca del escritor Josep Maria Espinàs que me gustó mucho: “Cuando nos detenemos, la vida se pone en marcha”.

    Un abrazo.

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